El villano trágico: Claudio y Scar

El villano trágico: Claudio y Scar

"Larga vida al rey", "Ahí está el problema", "Buenas noches, dulce príncipe" y hablar con una calavera mientras Zazu canta. Estas son algunas de las alusiones a Hamlet que Disney le da a Scar en la película en la que se supone que Simba es Hamlet. La decisión de Disney no sólo revela el astuto intelecto de Scar, sino también su compleja psicología. En sus motivos y defectos, Scar es más humano y relatable que su homólogo shakespeariano, desdibujando la línea entre el heroísmo y la villanía como ningún Claudio ha hecho antes.

Disney establece los motivos de Scar al principio de la película como un instinto de atención. Su "cuota", como canta en "Prepárate", es "ser rey, indiscutible, respetado, saludado y visto como la maravilla que soy". Desde una cueva que la Roca del Orgullo bloqueó a la luz del sol, Scar se siente justificado para pujar por una oportunidad de brillar a la sombra literal y figurada de Mufasa. "Nadie me quiere", le dice a Zazu después de convertirse en rey, "ni siquiera como cachorro. ¿Qué tenía mi hermano que yo no tenga?" ("La locura del rey Scar" en El musical del Rey León) Sus celos tóxicos se manifiestan en carne y hueso como su cicatriz, "la marca del príncipe desterrado", como la llama Zuko (Avatar: The Last Airbender). Aunque Scar nunca habla de cómo se hizo la cicatriz en la película, el hecho de que su nombre se deba a esta grosera deformación -y el de Mufasa no- infunde a su cicatriz física otras emocionales y alimenta su odio hacia el statu quo gobernado por Mufasa, que le vilipendió por algo que no puede controlar: su nacimiento como segundón poco atractivo. Su asesinato de Mufasa es, pues, más vengativo que ambicioso, una dimensión de hermandad que Shakespeare omite en los orígenes de Claudio. El Claudio de Shakespeare no es humano, sino un monstruo hambriento de poder que no tiene ni el cinismo de Scar de que "la vida no es justa", ni el instinto humano (o leonino) de Scar para el amor. Según Hamlet, Claudio era un sátiro frente al Hiperión de su hermano, pero nunca se enfrenta a su sentimiento de inferioridad; Claudio ama a Gertrudis para perdonar temporalmente a Hamlet, pero no lo suficiente como para quitarle la copa envenenada de la mano cuando bebe. El carácter de Claudio es tan clínico que en realidad es "una cosa de nada".

Sin motivos, la caída de Claudio es, de nuevo, clínica en contraste con la de Scar. En su autoproclamada búsqueda heroica, Scar se convierte en el villano porque nunca redime su defecto como un héroe. Confiando en que era "diez veces el rey que era Mufasa", Scar sufre la ilusión de que los animales amen a Mufasa sólo como su rey. Para Scar, el asesinato es un medio para conseguir un fin noble -el de crear una Manada más equitativa en la que él y las hienas reciban el amor que merecen- y, mientras yace solo en la cueva del trono, no puede comprender por qué fracasaría después de que el monopolio de Mufasa sobre su amor termine: "Incluso en la muerte, su sombra se cierne sobre mí": los rebaños le han abandonado, las leonas le culpan de la hambruna y todos siguen hablando de Mufasa. Para Claudio, el asesinato es su suave sustitución del viejo Hamlet sin alterar el "podrido" statu quo: incluso el heredero sigue siendo el mismo príncipe loco que obviamente odia al nuevo rey.

La solución de Scar a sus defectos es obligar a los demás a amarle por su poder, mientras se niega a creer que pueda ser amado por otra cosa que no sea su poder. Por ejemplo, prohíbe a las hienas que digan el nombre de Mufasa y les ordena que "me digan que me adoran". Guarda su trono con paranoia: "¿Esto es hablar de amor o de regicidio?", le pregunta a Zazu en la partitura de Broadway "The Madness of King Scar"."Y lo que es más grave, a costa de cualquiera que le preste compasión: desestima el consejo de las leonas de abandonar la Roca del Orgullo, el símbolo de la realeza; traiciona a sus "amigas" hienas como conspiradoras en el asesinato de Mufasa; y ataca a Simba cuando se le ofrece la vida en el destierro en la batalla final. La incapacidad de Scar para separar el poder del amor le lleva a su descenso al mal definitivo y a su muerte: expulsado por su propia especie, defenestrado por su sobrino y devorado por sus amigos más leales. La caída de Claudio, por el contrario, se basa en la necesidad clínica de mantener su trono legal y la trama en movimiento. Cuando Shakespeare le da a Claudio una oportunidad de catarsis de remordimiento, deja de intentar rezar y, en el Hamlet de David Tennant, sonríe como un Grinch blanco. En comparación con Scar, la caída de Claudio parece accidental, aunque de justicia poética. A pesar de ser "eterno" y de contar con estupendos villanos como Macbeth en el universo shakespeariano, Shakespeare podría haber hecho de Claudio un personaje más redondo, con deseos y debilidades, pero en cambio perdió a este villano de gran potencial a manos de Walt Disney.

Categorías:

Noticias relacionadas